El próximo lunes es 1 de junio, y para muchas asesorías empieza el verdadero atasco: impuesto sobre sociedades, juntas de aprobación y depósito de cuentas.
A estas alturas, en teoría, las cuentas deberían estar ya formuladas, el ejercicio cerrado y el impuesto sobre sociedades calculado, pero en la práctica no siempre ocurre así.
El problema es que las cuentas que se aprueben a partir del lunes pueden depositarse hasta el último día de plazo (31 de julio, suponiendo año natural). Por tanto, los clientes intensifican las exigencias de que se realicen los trámites necesarios para depositar sus cuentas.
Eso significa que ahora empieza la fase crítica:
- preparar actas de aprobación
- preparar certificaciones
- enviar documentos a firma
- controlar qué clientes han firmado y perseguir a los que no
- presentar en plazo
- seguir notificaciones y defectos
- gestionar facturas del Registro y suplidos
Y ahí es donde muchas asesorías pierden visibilidad.
No porque no sepan hacer el trabajo, sino porque el proceso sigue repartido entre Excel, Word, correos, carpetas, D2, Legalia y llamadas internas.
El resultado es conocido:
- expedientes sin estado claro
- certificaciones que hay que rehacer
- firmas pendientes
- defectos que se detectan tarde
- clientes preguntando si ya está presentado
- cuentas no depositadas, en el peor de los casos
- cuentas enviadas con defecto, a sabiendas, para estirar el plazo con la subsanación
En resumen, el problema no es solo tener la contabilidad preparada.
El problema es controlar todo lo que ocurre antes y después.
Con Tax One, las asesorías pueden preparar actas y certificaciones, enviarlas a firma, presentar en el Registro Mercantil y seguir el estado de cada expediente desde un único entorno.
Menos trabajo reactivo en julio.
Más control desde el inicio de campaña.
Y si esta campaña ya llegas tarde, quizá es el momento de preparar la siguiente con otro sistema.